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Stop Your Sobbing

Este tweet de encabezado lo escribí el dos de marzo de 2020 lo que me lleva a decir que Stop Your Sobbing fue el último tema al que me enganché antes del final del mundo tal y como lo conocemos (que fecharé exactamente en el lunes negro del nueve de marzo). En el tweet comparto la versión de The Pretenders, versión lanzada en 1979 en plena ola New Wave. La mejor anécdota de este cover pasa por recordar que gracias al mismo se pusieron en contacto Ray Davies y Chrissie Hynde, quienes comenzarían una relación fruto de la cual nacería una niña, Natalie.

Recupero esta canción y este tweet a cuento de Gambito de Dama, serie que estoy viendo en la actualidad y que cuenta con una escena en la que suena el tema original de The Kinks (al comienzo del episodio seis). De hecho no solo suena sino que durante su reproducción la protagonista de la serie se lanza a cantarla. Y claro, se une a Ray Davies entonando ese «gotta stop sobbing now» con su peculiar carrerilla. Esa carrerilla es el alma de la canción y la joven pelirroja lo sabe bien, se nota en su cara.

6. Hey, Hey, What Can I Do? (Led Zeppelin)

Quería hacer una entrada con mi canción favorita de Led Zeppelin y claro, ahí se presentaba un problema: quédate tú solo con una. Para resolver la disputa he decidido reunir un puñado de canciones que son especiales para mí y debatir sobre ellas hasta dar con la solución. Y de paso las escucho todas de nuevo, que nunca está de más.

(DISCLAIMER: Ha sido difícil hacer la lista, me gustan un montón de ellas más pero en algún momento tenía que parar)

Ramble On
No sé cuál es la primera canción que escuché de Led Zeppelin ni cuando se produjo ese bautismo pero de lo que sí que estoy seguro es de que la canción que me introdujo en esta religión fue Ramble On. Se podría decir que tiene todos los ingredientes para definirla como el arquetipo de canción de Led Zeppelin: una buena base de guitarra acústica, línea de bajo atractiva, voz suave de Plant acorde con los rasgos de folk nórdico para luego explotar en gemidos acompañados de la guitarra eléctrica de Jimmy Page. En cuanto a la letra, chico busca a chica pero no se va a dar por vencido ante el primer revés y seguirá su camino con resolución (todo un clásico de esta banda). Añádele un puñado de referencias a El Señor de los Anillos y sí, ya tienes piedra de toque. La canción es tan buena que he de reconocer que estaría entre las tres o cuatro finalistas si tuviera que quedarme solo con una.

Gallows Pole
Led Zeppelin III es el disco que más veces he escuchado en mi vida. Hubo un tiempo que yo creo que lo escuchaba todos los días al menos una vez. Es el más folk de todos los discos que publicaron estos muchachos y aunque eso seguramente influyó para que el disco no alcanzara el éxito de sus contemporáneos (que tampoco nos flipemos, por supuesto fue número uno en todo el mundo y vendió millones de copias) sí es suficiente para ocupar un lugar especial en mi corazón folkie. Gallows Pole es un arreglo de la balada tradicional del siglo XIX The Maid Freed from the Gallows, todo un clásico del cancionero folk americano. Esta es un versión blues/hard rock que lideran Jimmy Page con su acústica (y su banjo) y un inolvidable Robert Plant con aquellos alaridos de «Hangman, hangman hold it a little while». Vale, el bajo de John Paul Jones también es una pasada (esto debería añadirlo en todas las canciones que comente, aunque suene redundante).

Bron-Y-Aur Stomp
Esta es una sacada de rabo (con perdón) de nuestro amigo Jimmy Page a la guitarra acústica. La entrada de Bonhman en batería marca el ritmo de un tema hipnótico, una de las canciones que más veces he escuchado en mi vida. También me gusta mucho ver directos y covers porque el trabajo con la acústica es un verdadero espectáculo. Además Robert Plant dedicó la letra a su perro Strider (el nombre que recibe Aragorn en los primeros capítulos de El Señor de los Anillos, Trancos en castellano). Seguro se cuela en la pelea de mis favoritas.

Going to California
Si tuviera que quedarme con solo un puñado de segundos de toda la discografía de Led Zeppelin elegiría la bocanada de aire que suena al comienzo de Going to California. No es un sentimiento racional, lo sé. Simplemente vivo por y para esa bocanada. Siempre que la escucho sé que todo está en su sitio. Mientras exista esa bocanada todo irá bien.

When the Leeve Breaks
Bonham marca el ritmo como un general (una de mis ritmos de batería favoritos) y le da a la canción esa sensación de constancia que simula la lluvia creciendo hasta desbordar. Un tema casi perfecto, con riffs pegadizos y algunas explosiones de éxtasis de Plant que culminan en gritos (esto es Led Zeppelin, es lo que le pedimos a Led Zeppelin). Además me gusta ese repetir constante del «Cry won’t help you, pray will do you no good» porque con esta banda ya sabemos que hay dejar atrás las lágrimas y seguir adelante. Incluso durante una inundación.

Kashmir
Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché Kashmir. Mi hermana acababa de comprar unos cascos nuevos, de estos que tenían sonido envolvente, y aprovechando que no estaba aquel día por casa se los cogí para probarlos un rato. Me puse a escuchar música toda una tarde y en algún momento me tropecé con Kashmir. El hecho de descubrir aquel tema potenciado con el sonido de aquellos cascos nuevos fue como una experiencia casi religiosa: no escuché ninguna canción más y repetí aquellos ocho minutos y medio una y otra vez hasta que me llegó la hora de ingerir alimentos.

In the light
In the Light es una realmente especial. Me obsesioné con ella hace un puñado de años cuando recorría la campiña inglesa y desde entonces siempre ha estado en mi bolsillo de canciones recurrentes. Además es la canción que siempre uso para probar dispositivos de sonido nuevos, mi toque de queda. Si se escuchan bien todos los matices de In the Light, tiene mi certificado de calidad. Toda una catedral: «Everybody needs a light»

Over The Hills and Far Away
Por fin se acabaron las tonterías y aterrizamos en el punto caliente del debate. Llegados a esta parte del listado ya puedo confesar que todo esto no ha sido más que un paripé antes de decidir la auténtica disputa final. Siempre que me pare a pensar en mi canción favorita de Led Zeppelin Over the Hills and Far Away será una de las dos opciones que se dibujarán en mi cabeza de forma automática. Es una canción que tengo tan interiorizada que hasta se me hace estúpido intentar describirla racionalmente: es un tema que guardo en el corazón. El título de la canción y un par de ideas que roza están inspiradas en un poema de Tolkien que escribió durante sus primeros meses de servicio antes de ser enviado a Francia en la primera guerra mundial.

Hey, Hey What Can I Do
Finalmente me he decidido por este tema. Hey, Hey, What Can I Do tiene un estilo más gamberro y encaja más con los últimos años de mi adolescencia (que es cuando más escuchaba a Led Zeppelin). Esa mezcla de ingenua ilusión por una chica y el lamento frustrado de quién no consigue alcanzarla describen a la perfección esos años en los que las hormonas dirigen la vida de los jóvenes. Además empieza con unos maravillosos versos que te conectan en seguida con la canción («Want to tell you about the girl I love My, she looks so fine») y termina con el protagonista anunciando a los cuatro vientos que va a pasar de la chica en un arrebato de falso orgullo. Las dosis de ironía quedan completas con la insinuación de que la muchacha en cuestión pudiera ser una prostituta.

5. Richmond (Faces)

Oh once I was a stone many years ago
Into a pool was thrown many years ago
Time passed by, the pool ran dry, excavated was I
And tempered and beat in a fiery heat
By the hand of a man, who’s name was Dan
Dan the blacksmith
-Stone, Ronnie Lane-

Cuando en 2012 Small Faces fue incluido en el salón de la fama del rock de la formación original del grupo solo Kenney Jones y Ian McLagan acudieron a la ceremonia: los dos hombres que lideraron la banda habían muerto muchos años atrás. Jones al menos pudo quitarse la espina de no haber sido incluido con The Who a pesar de haber asumido la titánica misión de reemplazar a Keith Moon a finales de los setenta. Acompañando al batería y al teclista estaban las dos grandes estrellas que reconstruyeron el grupo tras la salida de Steve Marriott: Rod Stewart y Ronnie Wood, ambos con su segunda nominación al salón de la fama.

Small Faces (y su sucesor Faces) es probablemente mi grupo favorito de los que considero claramente infravalorados. El grupo liderado por Ronnie Lane y Steve Marriott en los sesenta tiene un par de discos brillantes (There Are But Four Small Faces y el súper ventas Ogdens’ Nut Gone Flake) que vendieron muy bien en su Inglaterra natal pero que con el tiempo parecen haber caído en un olvido que no ha afectado al resto de grandes formaciones británicas de la época. Supongo que es normal, el grupo duró poco y no tuvo tiempo de cimentar su leyenda en la era de los grandes conciertos. El gran dúo creativo se rompió con la llegada de los años setenta: Steve Marriott (indudablemente uno de los mejores vocalistas de la historia del rock) reclutó a la joven promesa de la guitarra Peter Frampton para crear su nuevo grupo, Humble Pie, y Ronnie Lane rehízo como pudo el proyecto Small Faces, le cambió el nombre a simplemente Faces y se trajo del grupo de Jeff Beck a Rod Stewart y Ronnie Wood.

En la nueva formación las disputas con Stewart fueron continuas: el escocés comenzó en paralelo su carrera en solitario y su despegue al superestrellato ya era imparable. Faces aprovechó la fama de Stewart para promocionar el proyecto pero fue Ronnie Lane el que asumió el peso creativo del grupo. El vocalista principal sería Stewart pero Lane también tomaría el mando en varias canciones de cada álbum (también sorprendió como vocalista Ronnie Woood en uno de los grandes éxitos de Faces, Ooh La La). En 1975, con la retirada de Mick Taylor de los Rolling Stones, Ronnie Wood fue el elegido para ocupar el puesto más cotizado del panorama musical mundial. Faces dio por finalizada su exitoso periplo de cinco años y cuatro discos de estudio. Ronnie Wood siguió vendiendo millones de discos en solitario, Kenney Jones se fue a The Who y Ronnie Lane montó por su cuenta un pequeño grupo (Slim Chance) más orientado al country-folk.

Aquí es cuando tengo que apuntar que Ronnie Lane es una de mis debilidades, tanto como vocalista como por supuesto como compositor. De una fuerza creativa excepcional lideró a un grupo que a finales de los sesenta dio una vuelta de tuerca al rock británico llegando a competir contra titanes de la industria como The Who, The Rolling Stones y The Kinks. Sus experimentaciones con la psicodelia también funcionaron y con el cambio de grupo en los setenta mantuvo el pulso añadiendo a su repertorio pinceladas de folk-rock, americana y country. Además su profundo interés por las cuestiones espirituales lo llevaron a ser una de las caras visibles del grupo de seguidores del gurú indio Meher Baba, incluyendo parte de sus enseñanzas en varias piezas musicales. Mi intención, de hecho, era elegir para esta lista la canción Stone, una peculiar balada blues sobre la reencarnación con Lane como vocalista.

Finalmente he elegido esta balada, Ritchmond, que parece hecha por y para lucimiento personal del propio Lane. Simplemente estaba escuchando la canción y he empezado empezar a escribir este texto, me ha salido de dentro. Siento una paz difícil de expresar cuando escucho la voz de ese muchacho de Essex. Si a eso le añadimos que nadie toca la guitarra slide como Ronnie Wood nos queda una pieza perfecta. Me gusta mucho ver esta interpretación de 1971 en Top Of The Pops, se ve a Lane puramente feliz y no puedo evitar sonreír cuando suelta eso de «It’s pretty good».

A Ronnie Lane le fue diagnosticada escleroiss múltiple en 1977, durante los días que se encontraba grabando con Pete Townshend un disco conjunto llamado Rough Mix. Su madre y su dos hermanos ya habían padecido la enfermedad. Lane aún pudo vivir veinte años más (incluso sobrevivió a Steve Marriott, que murió en un incendio en 1991) aunque la enfermedad fue mermando poco a poco sus condiciones físicas. Sus pares lo despidieron como lo que fue: un talento fuera de lo común. Varias generaciones de músicos británicos han reconocido su influencia. Yo solo espero que se haya reencarnado en algo agradable. Es lo mínimo que se merece.

Canciones de confinamiento

Ray Davies ha vuelto. A ver, más o menos nunca se ha ido, el día en que abandone este mundo todos los que lo admiramos sentiremos una perturbación en la fuerza. El caso es que en los últimos años sus señales de vida han venido acompañadas de trabajos para conmemorar aniversarios de sus discos más queridos. Ahora le ha llegado el turno a uno de los álbums más especiales de la discografía de The Kinks. El irrepetible Lola Versus Powerman and the Moneygoround, Part One (sí, el nombre se las trae) cumple cincuenta años y para celebrar la efeméride se ha preparado un lanzamiento especial planeado para diciembre. Como anticipo Ray Davies ha publicado un remix de su tema de 1970 Anytime (que no fue publicado de forma oficial en el álbum si no como cara B del single Apeman). El mensaje con el que ha presentado la canción es el siguiente:

«The isolation caused by Coronavirus can give people time to re-evaluate the world and re-assess their lives. Music can comfort the lonely, transcend time and it’s not the future or the past, yesterday, today or tomorrow. It’s anytime. I saw a way of making this unreleased 1970s track connect to an audience in 2020. I also saw a way of showing that music can time-travel, that memory is instantaneous and therefore can join us in the «now» I put this together as something surreal then realised that it was really happening. The song has found its place – after its 50th Birthday!»

Con ese mensaje de que la música puede consolar a las almas solitarias se me ocurrió recoger en una lista un puñado de canciones que escuché repetidamente durante los dos meses de estricto encierro. Allí van:

1. Take me Home, Country Roads de John Denver. El encierro me pilló leyendo un libro cuya protagonista era una muchacha westvirginiana que se emocionaba con este tema de John Denver. La casualidad hizo que mientras leía esta obra también me crucé con el vídeo de Puigdemont tocando la guitarra y cantando el estribillo. Total, que ya no me la pude quitar de la cabeza. Si sumamos todo esto al hecho de que la canción glorifica la vuelta al hogar en un momento en el que llegué a pasar más de sesenta días celebrando todas mis comidas en solitario, ya tenía himno de cuarentena.

2. Cease To Exist de Charles Manson. Aproveché el tiempo en casa para engancharme a la serie de David Fincher Mindhunter. Comparto el gusto del protagonista por la música New Wave pero curiosamente la música que despertó mi curiosidad fue la del «asesino en serie» (realmente Charlie no mató a nadie) más famoso del siglo. Su talento musical parece que sí podía llegar a aprovecharse de alguna forma pues esta canción la usó Dennis Wilson (que estuvo relacionado con la Familia Manson) para el grupo de música que había formado con sus hermanos, The Beach Boys, bajo el nombre de Never Learn Not To Love. Oficialmente Manson nunca apareció en los créditos como compositor.

3. Isn’t It a Pity de George Harrison. Los momentos de incertidumbre son los mejores para volver sobre una verdad universal: All Things Must Pass. Del disco de Harrison con Phil Spector me quedo con esta canción que lamente sobre todo las oportunidades perdidas. Quered a los vuestros mientras podáis.

4. Save It for Later de The (English) Beat. Esta canción es cocaína pura para mi cerebro. Me la encontré versionada por Pete Townshend, que la suele llevar en sus directos en solitario. La versión de estudio de Townshend es apabullante pero la versión original de The Beat mantienen un sonido juvenil más acorde con la letra y es claramente más adictiva. En cuanto pude salir a correr de nuevo no dudé en elegirla como primera canción en mi lista de reproducción.

5. Don’t Let It put You Down de Neil Young. Ya comenté el otro día que la melancolía de Young me acompañó en los primeros paseos (aquellas primeras experiencias con mascarilla por la calle). Eran los primeros días de mayo, me acababa de quedar sin trabajo y de alguna forma busqué consuelo en estas palabras que animan a no venirse abajo. Por desgracia Neil Young ha confesado que no recuerda la intención de los versos pues los escribió estando demasiado drogado.

6. So Long, Marianne de Courtney Barnett. Cierro la pequeña lista con el clásico de Leonard Cohen interpretado por mi ojito derecho, Courtney Barnett. En 2019 grabó su propio concierto Unplugged con MTV dando un paso más para consolidar una carrera que empieza a ser algo serio.

It’s time that we began to laugh
And cry and cry and laugh about it all again

Seis canciones y el remix de Ray Davies con The Kinks

4. Ballad of Geraldine (Donovan)

La primera vez que escuché a Donovan (que supe de su existencia, vaya) fue en el documental de D. A. Pennebaker Don’t Look Back, sobre la gira por Reino Unido de Bob Dylan en 1965. Donovan tenía 19 años por entonces y apenas llevaba un puñado de meses en la palestra cuando ya empezaron a llamarlo el «Bob Dylan británico». Esto molestaba especialmente a Dylan, que estaba en esa etapa insoportable de su vida (la fama, las críticas, las drogas) que necesitó de un accidente de moto para llegar a su fin. Total, que aquel Dylan pasado de vueltas la tomó con Donovan y durante todo el documental se puede observar la obsesión de éste por desacreditar al joven escocés. El momento cumbre del documental se produce cuando se juntan en una misma habitación rodeados de aduladores, cada uno con su propio séquito. El público se empeña en enfrentar a ambos cantautores hasta que por fin Donovan toma su guitarra y con los nervios de aquel que acaba de conocer a su ídolo toca To Sing for You. Dylan parece burlarse aunque yo diría que está disfrutando. La escena termina cuando Donovan, muerto de vergüenza, finaliza su interpretación y le entrega la guitarra a Dylan para pedirle que toque It’s all over now Baby Blue.

El caso es que a mí me flipó esa actuación de Donovan, añadí la canción a mi colección. Lo extraño de la situación es que no investigué nada más acerca del artista, ese único tema quedó guardado en mi biblioteca como recordatorio de que un día disfruté de la música de Donovan en un hotel de Inglaterra. Pero estaba claro que un tipo como aquel volvería a cruzarse en mi camino más pronto que tarde.

Ocurrió en una tienda de campaña, mientras un puñado de amigos bebíamos cerveza esperando en las primeras horas de la tarde de un festival. Mientras los conciertos no daban comienzo mi amigo Sergio era el encargado de elegir la música. En un momento de la tarde empezó a sonar Hurdy Gurdy Man. Si conocéis la canción entenderéis mi reacción al escucharla por primera vez: aquello era un melocotonazo. Enseguida le pregunté a Sergio por aquel tema y me comentó que era de Donovan y que la había escuchado en una película sobre drogas o algo así (la película es Spun). En seguida relacioné el nombre con el de aquel músico del documental de Dylan. De regreso a casa una vez concluido el festival busqué la canción y la escuché una y otra vez.

Hurdy Gurdy Man fue la responsable de mi inmersión en Donovan. Buscando información sobre la misma me topé con la leyenda que relaciona la fundación de Led Zeppelin con las sesiones de grabación del tema. Además la letra había sido compuesta en la India durante el famoso viaje de los Beatles, con Donovan formando parte de la comitiva (el mismo George Harrison participó en la composición de Hurdy Gurdy Man). Con todos esos ingredientes estaba listo para empezar a escuchar la discografía del escocés desde el principio.

Si bien la carrera de Donovan está formada por un montón de etapas diferentes sin duda las más interesantes son las dos primeras. Tras sus primeros trabajos como músico puramente folk supo reconducir su carrera con la llegada de la psicodelia, combinó sus revolucionarias técnicas como guitarrista acústico con los nuevos sonidos eléctricos del «flower power». Su tiempo en primera fila fue breve pero a finales de los sesenta pasó por ser uno de los músicos más influyentes del mundo y sus directos gozaban de gran reputación. En aquellos días coló en las listas de éxitos varios temas que han quedado para la posteridad como Wear Your Love Like Heaven, Sunshine Superman, Season of the Witch, Mellow Yellow, Atlantis o el ya mencionado Hurdy Gurdy Man. Por supuesto, adoro al Donovan psicodélico pero para mi gusto el que marca la diferencia es el primer Donovan.

Soy un apasionado de la música folk, cualquiera que me conoce lo sabe. El folk tiene algo de reverencial: las mejores canciones conservan una sabiduría antigua que nunca pierde el pulso de la actualidad. «If it was never new and it never gets old, then it’s a folk song». En el caso de Donovan esto explica como a pesar de que sus temas psicodélicos siguen sonando en películas y series son los éxitos más modestos de su primera etapa (Catch the Wind, Colours) los más versionados y aclamados. Entre los “puretas” del folk Donovan ha conseguido colar algunas canciones en el canon de imprescindibles y es quizá este hecho el que lo convierte en inmortal (o al menos lo que le mantiene vivo en el repertorio de cientos de músicos).

He escogido Ballad of Geraldine como mi canción favorita de Donovan. El patrón de fingerpicking es delicioso y en combinación con la letra conceden al tema un inconfundible estilo medieval que caracterizó los primeros discos del escocés (este tema es del álbum Fairytale de 1965). Seguramente eso es lo que más me gusta de Donovan: de entre los grandes nombres de la folk revival de los sesenta él fue el que mejor supo combinar el sonido del folk americano con las viejas tradiciones británicas. Marcó el camino para unir dos mundos que llevaban ya un tiempo ejerciendo influencia el uno sobre el otro pero que no terminaba de cuajar en la nueva generación.

Una canción que me traslada a otro mundo desde la primera estrofa. Está grabada a fuego en mi memoria.

Oh, I was born with the name Geraldine
With hair coal black as a raven
I travelled my life without a care
Ah, but all my love I was saving

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